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PODER EXPLORAR EL ESPACIO REAFIRMA QUE SOMOS LA ÚNICA ESPECIE EN LA TIERRA CON LA OPCIÓN DE VER LOS LÍMITES COMO METAS EN LUGAR DE OBSTÁCULOS

 

¿Qué hace diferente a la raza humana de otros animales? ¿Será su capacidad de asociación para el logro de objetivos comunes? ¿O su capacidad de adaptación a entornos diversos y cambiantes? Seguramente no hay una única respuesta a este interrogante, y las ideas que se derivan de las preguntas de seguimiento que he planteado, tendrán un poco de razón y certeza en la dirección correcta. Personalmente considero que lo que hace diferente a la humanidad de los demás animales con los que compartimos el planeta tierra es nuestra capacidad de fijarnos metas y sobrepasar los propios límites que definimos en nuestra cabeza. Una capacidad que ha impulsado el progreso de nuestra civilización y nos ha llevado a romper los paradigmas de lo que se considera posible desde el inicio de nuestra historia.

Nosotros, a diferencia de un delfín o un chimpancé, somos la única especie en la tierra con la opción de ver los límites como metas en lugar de obstáculos. En este sentido, a lo largo de los años, son múltiples los sucesos que demuestran este punto de vista: la milla por debajo de los cuatro minutos de Roger Bannister (primera persona que logró esta hazaña considerada imposible en 1954), la conquista del Everest por parte de Edmund Hillary y Tenzing Norgay (quienes fueron las primeras personas en lograrlo en 1953) o la llegada del hombre a la luna en 1969 (con la misión Apolo 11 de la NASA). Todos ejemplos de lo que sucede cuando los seres humanos nos proponemos hacer posible aquello que solo existe en nuestra imaginación, convirtiendo a las barreras en un objetivo que nos motiva para desarrollar un plan y una estrategia que nos permita sobrepasarlas.

En mi caso personal tener el honor de ser el primer hispanoamericano en haber visitado todos los países miembros de las Naciones Unidas, es el resultado de una meta personal que me fijé para recorrer el mundo y vivir mi pasión por conocer nuevas culturas y tener nuevas experiencias. Y ahora que la he completado, por mi naturaleza hambrienta de nuevos retos, es lógico asumir la meta de explorar nuevas fronteras que me permitan llegar a lugares a los que nadie más ha llegado antes. Por esto, tener la oportunidad de viajar al espacio exterior (ojalá en el 2024) es algo que me estimula y que se convertirá en la cumbre de una vida llena de experiencias en los lugares más remotos y asombrosos de los límites conocidos por el hombre.

Por supuesto, la exploración espacial es considerada como la última frontera para los seres humanos. Un límite físico que muchas personas tienen como objetivo, y que gracias a la innovación tecnológica y al progreso de la humanidad, es cada vez más cercano para una mayor cantidad de personas. Gracias a visionarios como Elon Musk, Richard Branson y otros emprendedores, hoy el mundo tiene las primeras empresas dedicadas 100% a la exploración espacial privada. SpaceX y Virgin Galactic, son las primeras piedras de una industria que en el futuro hará parte del día a día de una gran parte de la población humana, logrando que hitos como el primer viaje espacial privado llevado a cabo en septiembre de 2021, hagan parte de la cotidianidad de un camino que nos lleve a seguir encontrando nuevas formas de construir una mejor sociedad.

Facilitar la llegada al espacio de personas diferentes a científicos o militares es un propósito que seguro traerá importantes beneficios para la humanidad. Desde inspirar a las nuevas generaciones para perseguir sus sueños y romper sus propios límites, hasta despertar nuevas perspectivas en personas que pertenecemos a industrias y profesiones diversas; la exploración espacial privada tiene el potencial de agregar valor a todas las dimensiones de la humanidad. Esto sin mencionar su relevancia para la disminución de costos y el impulso a la innovación y llegada de nuevos jugadores a un contexto en el que, hasta el momento, solo habían podido participar los gobiernos de grandes países como Rusia, China o Estados Unidos.

Como un viajero incansable, conquistar la última frontera de la humanidad es sin lugar a dudas un suceso que me llena de impulso para seguir motivando a otras personas a romper sus propios paradigmas y límites. Al final, aunque el espacio exterior sea literalmente un destino fuera de este mundo, esta experiencia es esencialmente un viaje en el que tendré la oportunidad de conocer nuevas perspectivas, aprender nuevas habilidades y desarrollar nuevas aptitudes para seguir creciendo como persona y tener mejores herramientas para construir un legado del que las futuras generaciones puedan apalancarse y estar orgullosas.